Colección Extranjera
ISBN: 978-950-9749-21-4
Páginas: 200
Traducción Carlos Gardini

Dios lo bendiga, señor Rosewater
Kurt Vonnegut

Eliot Rosewater vive atormentado por un extraño cargo de conciencia: ha recibido una fabulosa herencia que cree no merecer. Para aliviar la culpa, bebe mucho whisky y cerveza, lee a Kilgore Trout, colabora con los bomberos voluntarios y preside una fundación que ayuda a los ciudadanos inútiles, desamparados y feos. Tiene a la pobreza como su gran vocación, se considera a sí mismo un artista y gasta el dinero en obras filantrópicas por completo ridículas. Sus actos de caridad resultan tan descabellados que es llevado a juicio para ser declarado loco. Cuando está a punto de perder toda la fortuna, Eliot encuentra una solución genial y puede seguir adelante con su excéntrica tarea de benefactor.

Dios lo bendiga, señor Rosewater es una sátira magistral sobre los placeres y catástrofes que el dinero puede causar tanto en una familia como en una nación. Con un admirable torrente de ingenio, Kurt Vonnegut  extrae los brotes cómicos de lo banal, lo absurdo y hasta lo extraordinario en la novela quizá más divertida de su incomparable obra.

Eterno escritor de culto, cómico, irreverente y genial, Kurt Vonnegut nació en Indianápolis el 11 de noviembre de 1922. Realizó estudios de química en la Universidad de Cornell, que tuvo que interrumpir para unirse al ejército estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. En 1945, presenció como prisionero de guerra la matanza de cientos de miles de civiles en el bombardeo de Dresde. Esta experiencia lo marcó para siempre, tanto como el suicidio de su madre y la muerte de su hermana, para quien decía que escribía. Publicó libros de ensayos y de cuentos y obras de teatro, pero es en sus novelas donde Vonnegut consigue desplegar la verdadera originalidad de su imaginación, su visión pesimista del mundo y su inconfundible sarcasmo. Entre ellas, se destacan Las sirenas de Titán (1959), Madre noche (1961), Cuna de gato (1963), Matadero cinco(1969) y Desayuno de campeones (1973). Murió en Nueva York el 11 de abril de 2007 a los 84 años.

La muerte de su esposa lo sumió en una gran depresión. Su agente, Don Congdon, relató que una mañana recibió en su oficina una carta sin remitente. No tuvo dificultad en reconocer la letra. “Cuando leas estas líneas, ya estaré muerto”. Charles Williams se había suicidado en su pequeño departamento de Van Nuys, Los Ángeles, la madrugada del 7 de abril de 1975.